Con independencia de la temperatura ambiente, entre septiembre y octubre últimos costó que la primavera se instalara en el gobierno de Javier Milei. Tras los comicios bonaerenses ganados por el peronismo, una mezcla de escándalos – notablemente los audios de Diego Spagnuolo y el Karinagate, y enseguida el Narcogate de José Luis Espert– y de penurias financieras sólo encontró remedio en el rescate de Donald Trump y en la remontada que permitió el triunfo oficialista en las legislativas. Al revés, el nuevo cambio de estación parece ahora apresurarse.
Desde el verano caliente de poder, fiesta facha y victorias en el Congreso, la administración de extrema derecha parece internarse, prematura y velozmente, en un otoño destemplado.
Algunas de las acechanzas de aquella primavera remolona se repiten: la corrupción en los principales despachos, la inflación rebelde –marzo ya está perdido y probablemente por encima del 3%–, el dinero que no alcanza. Otras, como la inestabilidad cambiaria, parecen haberse disipado temporalmente. Pero surgen algunas nuevas, en particular, la guerra en Irán que se prolonga y extiende su impacto económico nuestro país.
De hecho, bastó ayer con un ataque israelí a infraestructura petrolera clave de Irán para que la República Islámica llevara a cabo una primera represalia contra el complejo gasífero de Catar y pusiera en vilo a las demás monarquías petroleras del golfo Pérsico. Así, el crudo de Brent, de amplia referencia internacional, cruzó cómodamente la barrera de los 100 dólares por barril y cerró la rueda por encima de temibles 110.

Fuente: Investing.com
Todo el ambiente financiero se complicó y, salvo obviamente las acciones de las petroleras nacionales, otros activos sensibles cerraron en rojo, en especial el riesgo país, que finalizó por encima de los 600 puntos básicos, su valor más alto en el año.



